Las cuerdas y los malos funambulistas
De cómo salté, abandonando el circo Una cuerda. Como la de un funambulista. Y sólo se ve un círculo, los bordes están oscurecidos. Como si fuera un túnel. Como si de retinosis pigmentaria se tratara. Te acercas más a la cuerda. Está alto, muy alto. Da miedo. No eres un equilibrista profesional. Cuando juegas a andar por el bordillo de la acera no aguantas ni diez metros. Da mucho miedo. Tienes mucho miedo. No quieres subirte. Pero la pared te empuja. Avanza, poco a poco pero constantemente. Pones un pie encima de la cuerda, luego el otro. Es difícil, pero no tanto como pensabas. Empiezas a caminar, sin ver nada. Concentrado en no caerte, y bastante tienes con eso. Poco a poco lo blanco que te rodea se va haciendo cada vez más gris, y al final se convierte en el negro más oscuro de la noche más oscura. A tientas, tanteas la cuerda a cada paso. Ya eres un poco más experto, pero no contabas con este handicap repentino. ¿No va a parar? ...